Nuestro sistema de pensiones en riesgo del populismo

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Las bajas pensiones son una importante preocupación para una gran cantidad de personas. Dado esto, resulta imperativo destinar esfuerzos en buscar soluciones apropiadas, pero también para convencer a la sociedad – muchas veces ignorante o muy voluble a eslóganes – de cuales son efectivamente las medidas correctas.

Lamentablemente todo lo anterior debe hacerse en un ambiente cada vez más difícil, por cuanto constantemente vociferan políticos insensatos y demagogos de turno que abogan por medidas que a todas luces resultan ser contraproducentes o no sustentables en el largo plazo. Sea como sea, debemos oponernos a los charlatanes y dar la batalla cultural que nos permita un resultado favorable, sin dejarnos embaucar por cantos de sirenas.

Solo para visualizar un poco la magnitud del problema de pensiones al cual nos enfrentamos, la información disponible en la superintendencia del ramo refleja que el promedio de pensiones autofinanciadas (esto es, sin ningún aporte fiscal por pensión básica solidaria o aporte previsional solidario), es de 240 mil pesos, siendo 300 mil pesos en el caso de los hombres y de 175 mil pesos en el caso de las mujeres. Ahora bien, si abrimos estas cifras por años cotizados se tiene una realidad aún más heterogénea, observándose que en el caso de quienes cotizaron 1 año o menos la pensión promedio es de 65 mil pesos, mientras que esta cifra llega a 600 mil pesos en promedio para quienes cotizaron entre 35-40 años.

Dada esta realidad debemos preguntarnos cuáles son los factores que la explican, ya que jamás vamos a solucionar el problema si no tenemos un diagnóstico correcto de sus causas, y la sociedad seguirá siendo presa fácil de estafadores. Por ejemplo, diversos médicos pueden acordar respecto a que usted está enfermo, pero la única forma de generar acciones eficientes para sanarlo es determinando las razones concretas y reales que están detrás de su enfermedad.

En este sentido, variados son los elementos que afectan el nivel de las pensiones, pero entre los que son más significativos tenemos la tasa de cotización, la densidad de las cotizaciones, la rentabilidad de los fondos acumulados, la edad de jubilación dada una expectativa de vida, y el sueldo promedio durante la vida activa. Como se ve, el asunto clave es ahorrar para hacer engordar el chanchito y que este sea suficiente para los años de desahorro. Aunque resulte chocante, es imprescindible entender que los recursos no caen del cielo, que otra persona no está obligada a darme ingresos en la etapa no activa de mi vida a través de una pensión, y que el estado no es sinónimo de cosas gratis. Esa es la realidad, puede no gustar, pero eso no la hace perder su condición de realidad.

Más en concreto, dentro de los principales factores determinantes de la pensión, la baja tasa de cotización de solo 10% que Chile ha tenido por largos años ha sido un lastre para las actuales jubilaciones, por lo que elevarla resulta de toda lógica. Ahora bien, si parte de ese ahorro adicional no va directamente a las cuentas individuales de cada persona no se soluciona el problema. En este sentido, la propuesta de algunos políticos de tomar el aumento propuesto de 6% y usarlo para mejorar pensiones a través de reparto y un fondo colectivo, puede parecer el milagro de la multiplicación de los panes, pero no lo es, y con seguridad veremos los efectos nocivos más adelante, probablemente cuando muchos de los políticos que lo proponen no asuman ningún costo por los nefastos resultados que vamos a observar.

Otro elemento clave es mejorar las condiciones del mercado laboral, tanto para elevar los salarios como para reducir los períodos no cotizados a través de lograr un empleo de mejor calidad. Pero en este caso vemos que las políticas que se están fomentando van para el otro lado, por cuanto encarecen la contratación y no contribuyen a una economía dinámica, lo que afectará negativamente los salarios y llevará a más informalidad.

Los políticos tampoco hablan nada de elevar la edad legal de jubilación de acuerdo con el significativo aumento en la expectativa de vida de la población, probablemente porque saben que es impopular y no les interesa pagar ningún costo hoy. En vez de eso prefieren seguir por el camino equivocado y continuar vendiendo medidas incorrectas, traspasando el inexorable ajuste a generaciones futuras, y escondiendo irresponsablemente lo inverosímil que es ahorrar solo 10% por un período promedio de menos de 20 años para una jubilación que en promedio debe alcanzar 25 años.

Otro elemento que ha sido muy frecuente en la discusión es intentar mostrar a las AFP como las malas de la película, lo cual no es acertado. Ciertamente que el mercado funcionaria mejor con más competencia (licitando cada cierto tiempo un porcentaje de la cartera, por ejemplo), o tomando algunas medidas para cambiar montos heredables por seguros de longevidad, pero más allá de estas u otras modificaciones específicas que pueden llevarse a cabo, en lo medular las Administradoras han cumplido con dos aspectos fundamentales: rentabilidad y seguridad de los fondos. En este sentido, pretender culpar a las AFP del bajo nivel de las pensiones actuales es desviar groseramente el foco de la discusión, restándole casi cualquier responsabilidad al pésimo comportamiento regulatorio que ha tenido el estado en diversos frentes bajo su ámbito de acción.

En síntesis, existen factores específicos que deben ser mejorados para elevar el nivel de pensiones, pero ello debe hacerse con una perspectiva técnica para que efectivamente lleguemos a una mejora palpable. Nada de esto requiere tirar a la basura nuestra Constitución. Sin embargo, como era esperable nuestros políticos están tomando el camino populista y engañoso, por lo que en vez de concentrarse en acciones apropiadas han preferido vendernos humo y de pasadita hacer más importante la intromisión del estado en nuestra vida.

Si seguimos por este camino no solo no tendremos mejores pensiones, sino que además en poco tiempo veremos a los políticos dueños tanto del 6% de cotización adicional del cual ya prácticamente se han apropiado, como también del 10% original y además de los US$ 230 mil millones de nuestras cuentas individuales que por ahora siguen bien resguardadas en las AFP.

Es perentorio rechazar que el estado siga tomando el control y devorando nuestras libertades, ya que de lo contrario en un abrir y cerrar de ojos vamos a quedar completamente bajo su vigilancia, preguntándonos qué pasó… y esto no solo se materializará en pensiones.

Félix Berrios Theoduloz